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La Destrucción que Amenaza a la Patagonia Chilena PDF Imprimir E-Mail
jueves, 21 de enero de 2010
Río Baker

La Región de Aysén es claramente una zona volcánica. Tras la erupción del Chaitén se pudo establecer que en este territorio hay más de 20 volcanes en actividad. Sólo basta recordar el estallido del Hudson a principios de los 90. Por lo anterior, según indican autoridades regionales, se establecerá una estación de monitoreo en Aysén, que además pueda detectar actividad submarina.

 

 

Sumado a las tragedias que producen los volcanes están los movimientos sísmicos que estos tienen debido a su directa relación con el movimiento de placas y su ubicación en fallas geológicas, en este caso la de  Liquiñe-Ofqui que corre cerca de 1.000 kilómetros en dirección norte-sur, desde la Región de los Ríos hasta el istmo de Ofqui en la Región de Aysén.

 

En esta falla se encuentran volcanes activos como el Mocho-Choshuenco, Corcovado, el Macá, el Chaitén, el Melimoyu y el Hudson, cuya última erupción en 1991 es considerada una de las más violentas en la historia vulcanológica chilena. A lo anterior se suma el enjambre sísmico en Aysén el año 2007, el cual provocó un fuerte movimiento en abril de ese año, que dejó como consecuencia 10 víctimas fatales.

 

Sólo estos antecedentes deberían hacer pensar el impacto negativo de la construcción de mega represas en la región, debido a que no se sabe a ciencia cierta que desastre podría provocar una erupción cerca de la muralla de una gran represa.

 

La construcción de hidroeléctricas tendrá un impacto drástico, profundo e irreversible y representa una inmensa pérdida para la región en lo económico (turismo), lo sociocultural y lo ambiental, favoreciendo exclusivamente los intereses de la empresa.

 

La inundación de miles de hectáreas traerá además acumulación de sedimentos, pudrición de bosques que provoca emisión de gas metano y por ende afecta el equilibrio medioambiental, además de contribuir al efecto invernadero y profundos cambios en el clima de la zona.

 

Desde el punto de vista ecosustentable, las megarepresas son infraestructuras pasada de moda y dañinas. Sólo basta ver los graves impactos sociales y mediambientales que han provocado Yacyretá en Sudamérica y Tres Gargantas en China.

 

Según pobladores de del Río Paraná en Paraguay y Argentina, Yacyretá prometió progreso, pero en 20 años sólo ha habido miseria, desarraigo y destrucción ambiental, además la gente de la zona la bautizó como “monumento a la corrupción”, por la venta descarada de tierras por parte de especuladores, situación que ya se puede observar en la Región de Aysén.

 

Proyecto inviable

 

Según Peter Hartmann, Coordinador Coalición Ciudadana por Aisén Reserva de Vida, el proyecto es inviable sin incrementar los derechos vigentes, ¿puede ser legítimo un proyecto inviable? La verdad es que HidroAysén (HA) aprovecha un resquicio legal de la frágil institucionalidad ambiental para presentar el nuevo EIA.

 

Ello no quita que hoy es inviable y que no hay ninguna razón jurídica, económica, política y menos ambiental para otorgar derechos de agua suplementarios. Tampoco informa HA que lo que se está evaluando es sólo el proyecto de las represas, sin considerar al mismo tiempo el tendido de transmisión de 2.200 kms, el más largo del mundo, entre Cochrane y Melipilla, tendido casi experimental que llevaría más de 500 mil volts de corriente continua, para evitar la pérdida que produce tal distancia, según informó Hartmann en una columna titulada “HidroAysén, toda la información” de octubre del 2009.

 

En la misma publicación Hartmann sostiene: ¿Si se aprueban las represas, podrían las autoridades negar el permiso para el tendido? HA reitera que el suyo es un proyecto de interés nacional, todo Chile gana, así como en el pasado lo que era bueno para General Motors, era bueno para los Estados Unidos, parecería que hoy lo que es bueno para Endesa y Colbún, es bueno para Chile.

 

El primer caso terminó en una empresa nacionalizada, intervenida por el Estado y los sindicatos. En nuestro caso HA omite señalar que se entregará al consumo los casi 19.000 Gigawatts hora anuales que generaría el proyecto, con el precio de nudo actual, ello produciría un ingreso de más de 1.200 millones de dólares anuales para un proyecto cuya inversión sería inferior a 3 mil millones de dólares, sin que los costos ambientales y sociales que genera tal proyecto, sean pagados.

 

La especie humana se distingue de las otras no porque puede elegir, sino porque tiene que elegir y eso deberá hacer el próximo gobernante ante HA, tendrá que elegir entre perpetuar un modelo que la población rechaza en forma creciente y otro que sea equitativo en lo económico, participativo en lo político y sustentable en lo ambiental. Patagonia sin represas no es un eslogan, es la posibilidad de empezar a construir otro Chile.