Una dulce chica llamada Sweet Candy

Por Kris Bombón /

“Hola, mi nombre es Sweet Candy y yo los voy atender esta noche”. Esa era la maldita frase que repetía todas las noches desde hacía dos años en el nightclub donde trabajaba de jueves a domingo. Había llegado del norte a Santiago,  con toda la intención de convertirme en una modelo exitosa para casarme con un futbolista con mucha plata.

Pero mi sueño, obviamente, se fue a la chucha cuando me dijeron que era muy vieja para empezar la carrera de modelaje. ¡Y qué se creen los conchasumadre, si tengo apenas veintiún años!

Hice un par de cosas, algunas fotos de editorial, catálogos de ropa interior y esas huevadas sin ganar mucho,  por lo que las lucas no me alcanzaban para pagar el arriendo del pequeño departamento que había conseguido en el barrio Brasil.

Preguntando por aquí y por allá en el estudio fotográfico, busqué una compañera para compartir el depa y que saliera más barato. Ahí fue que conocí a la Camy, una mina bien bonita que hacía modelaje de fetish rubber wear, o sea ropa de látex para los fetichistas y esas cosas para huevones calentones, que para mí eran de lo más extrañas y ajenas.

Nos fuimos a tomar un par de cafés antes y nos conocimos un poco más. Tampoco quería a una psicópata como compañera para aparecer en primera plana del diario, descuartizada y botada en un canal de a pedacitos. La Camy era súper genial, cachaba toda la vida nocturna de la ciudad, conocía a gente bien influyente y se vestía la raja; así es que congeniamos al tiro y se cambió para el depa. Lo malo, eso sí, es que la hueona fumaba como contratada y yo odiaba el cigarro… pero bueno, algo había que sacrificar en todo esto.

La Camy trabajaba de noche casi todos los días y siempre salía con fachas increíbles que me dejaban con la boca abierta. Siempre andaba con los tremendos escotes mostrando casi toda su mercancía, que no dejaba de ser asombrosamente interesante. Yo ya estaba pasándome el rollo que me había cambiado de bando,  porque no podía dejar de mirarle las pechugas enormes que tenía. Pero no, nada de eso, porque a mí me gustaba Derek, el fotógrafo que siempre me llamaba para las pegas chantas de catálogos de tercera, en los que aparecía media en pelota y tratando de verme lo más rica posible con la horrorosa lencería de mierda que me tocaba modelar casi siempre.

Ese huevón sí que era rico. Me traía loca, pero el muy maldito ni me pescaba porque andaba con otra mina,  a la que le pasaba la ropa más sexy. Seguro que se acostaba con él la muy perra y por eso le hacía caso en todo.

En fin, mi vida laboral estaba estancada. No valía nada como modelo y cada vez tenía menos plata. Tenía que conseguir rápido otra pega, si no tendría que volver a la casa de mis viejos. Y  eso sí que ni cagando.

Un día lunes en que la Camy no trabajó, le pregunté cara de raja si sabía de algún otro trabajo, porque yo no había logrado encontrar una segunda pega y me estaba quedando sin ni uno, ya que Derek me llamaba para puras huevadas y más encima pagaban mal. Me preguntó derechamente si me atrevería a modelar para la revista en la que ella trabajaba, que en realidad era casi lo mismo que lo de la ropa interior, pero con otro tipo de prendas y accesorios. Me dijo que yo tenía muy bonito cuerpo y que para esta pega había que tener hartas pechugas, así es que yo estaba genial para eso.

La verdad no sabía. No es que yo fuera cartucha ni mucho menos,  pero era algo que nunca había visto más que en algunas pornos por ahí en algún motel;  o en una que otra revista para huevones calentones. Igual lo pensé durante un par de minutos y le dije que bueno a la Camy. Le pedí que me llevara un día a la sesión de fotos y que si me tincaba lo haría, porque realmente necesitaba las lucas.

Ese es el principio de mi historia. Yo sé que quieren saber qué más pasó y cómo  llegué al night club. Por ahora los dejo con una pista: 36DD. Si no saben… ¡Entonces valen hongo!

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Blog creado al amparo de una tarde cervezas por un grupo de amigos, con el objetivo de escribir sobre aquellos temas de interés masculino. Somos un permanente y virtual Club de Toby.

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